Año XLI - Edición Nº 8.409

Miércoles 11 de abril de 2018

Tribuna de Opinión

El año 1957 fue mi 2º año en la EAO. En las radios sonaban Elvis Presley, Fat Domino, The Platters y la rubia Doris Day. (Crónicas de Carlos Cid)

Siempre que íbamos a ver a mis abuelos que vivían en la calle Gumercindo, a la entrada de la Avenida Ecuador, pasábamos por la EAO y mi madre me decía: “Aquí estudió tu tío Ñungo”. (Crónicas de Carlos Cid).

En una conversación entre compañeros de trabajo de la DINA, un agente le cuenta a otro que los detenidos “se iban a dormir con los pescados”. Le leí en un libro sobre el “mocito” de Manuel Contreras. Anécdota banal en el centro del horror que, por supuesto, no era horroroso para ellos.

Diversos cuestionamientos al Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos han surgido en las últimas semanas, desde personajes e instituciones de la derecha.

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