Año XL - Edición Nº 8.376

Viernes 19 de enero de 2018

Los nudos estratégicos del Gobierno de Piñera

Fecha de Publicación: Mar, 12/26/2017 - 14:47

¿Cómo resolver las tensiones internas de la coalición de gobierno? ¿Cómo construir una mayoría parlamentaria para respaldar aquellas prioridades legislativas más allá del oficialismo? ¿Cuál debiera ser el orden de prioridades para la gestión legislativa? ¿Cuáles debieran ser aquellos contenidos de las políticas que permiten consolidar y dar proyección a la alianza en el poder?

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Depto. de Comunicaciones

La victoria inesperadamente amplia de Sebastián Piñera en la segunda vuelta el pasado domingo 17 de diciembre ratifica que los desafíos electorales son diferentes de los de un buen gobierno. A pesar de la victoria rotunda del candidato de Chile Vamos que se expresó en casi diez puntos porcentuales de diferencia con el candidato de la Nueva Mayoría y en sendos triunfos en regiones emblemáticas como Valparaíso (52,21%), Bío Bío (58,52%) y La Araucanía (62,40%), desde el día siguiente se empezó a configurar el nuevo puzzle para la gestión política del futuro gobierno de la coalición de derecha.

En esta perspectiva distinguimos tres dilemas que el gobierno de Piñera deberá resolver en los próximos meses para  fortalecer su capacidad de agenda y asegurar una gestión gubernamental efectiva y legítima.

Primero, el Presidente electo deberá articular una relación efectiva entre el Ejecutivo y el Legislativo en un contexto caracterizado por la división y una mayor fragmentación del Congreso después de  las elecciones del 19 de noviembre. Los resultados de los comicios arrojan como coalición parlamentaria un contingente cercano al 48% en la Cámara Baja, lo que si bien deja al gobierno ad portas de la mayoría absoluta todavía constituye una correlación insuficiente para garantizar los quorum calificados y supermayorías necesarias para gestionar reformas relevantes. Esto significa que para impulsar políticas Piñera estará obligado a negociar con sectores de la oposición y, por tanto, a la búsqueda de puentes con los parlamentarios de la Democracia Cristiana, que a la postre puede convertirse en la fórmula decisiva para viabilizar las políticas sectoriales priorizadas por la futura administración.

Además, se debe agregar la tendencia a una sostenida y creciente fragmentación del Parlamento que eleva sistemáticamente los costos de construcción de acuerdos para el ejecutivo durante el período 1990 a 2017. Observando el número efectivo de partidos (NEP) como índice de fragmentación del sistema de partidos chileno (calculado según fórmula de Laakso y Taagepera), se aprecia que el NEP aumentó en Chile desde 5,3 partidos en el gobierno de Patricio Aylwin a 6,2 partidos durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet y será de 7,7 para la administración de Sebastián Piñera desde marzo de 2018. Sin ser un fenómeno mecánico, se puede concluir que la segunda administración de Piñera tendrá la mayor fragmentación partidaria desde la recuperación de la democracia, tendencia incrementada por el cambio en la fórmula electoral en el 2015. Producto de este nuevo sistema, el total de partidos con representación en el Congreso subió de nueve en 2013 a dieciséis en 2017.

Como segundo desafío surge la necesidad de una agenda legislativa con prioridades claras y estratégicas considerando los temas que se encuentran activados. Efectivamente, un asunto ineludible será definir convergencias en una coalición gubernamental caracterizada por una alta polarización interna entre diferentes actores y liderazgos que compiten por la hegemonía de este espacio. Entre estos referentes se cuentan la derecha social de Manuel José Ossandón, el polo liberal de Evópoli de Felipe Kast y el ala conservadora de José Antonio Kast. Encontrar fórmulas de gobernanza interna de la coalición gubernamental representa un imperativo frente a temáticas que están activadas como fuerzas centrífugas que amenazan la unidad de la coalición, como la reforma educacional, el perfeccionamiento del sistema de AFP, la gestión del conflicto en La Araucanía, y el diseño e implementación de políticas para enfrentar el cambio climático que incluye múltiples dimensiones como energía y medioambiente. Resolver con asertividad las prioridades programáticas supone gestionar oportunamente, con efectividad y coherencia, las políticas sectoriales, dado que la demora excesiva en temas como la ley de universidades estatales y el avance de la gratuidad podría ser un primer chispazo para encender la movilización social.

¿Cómo resolver las tensiones internas de la coalición de gobierno? ¿Cómo construir una mayoría parlamentaria para respaldar aquellas prioridades legislativas más allá del oficialismo? ¿Cuál debiera ser el orden de prioridades para la gestión legislativa? ¿Cuáles debieran ser aquellos contenidos de las políticas que permiten consolidar y dar proyección a la alianza en el poder?

No dar respuestas efectivas a estos dilemas podría exacerbar la fragmentación y potenciar  las fuerzas centrifugas en el oficialismo o enfrentar una pérdida de apoyo en la opinión pública como ocurrió en la segunda administración de Bachelet. Por ejemplo, la reforma laboral parte el 2014 con alrededor de un 45% de apoyo para terminar en la actualidad con un 34%; la reforma educacional se inicia también el 2014 con un 60% de respaldo y termina este año con un 36%, y la reforma tributaria comienza en 2014 con un 52% de adhesión y termina el 2017 con un 25%.

Un tercer desafío consiste en gestionar eficazmente el conflicto social en el contexto de un país polarizado y con fuerte aprensión frente a lo institucional. Distintos estudios muestran que  una parte importante de la sociedad es indiferente frente a la política o desconfía absolutamente de ella. Como manifestación de lo anterior, Somma y Bargsted han analizado la creciente autonomización de la protesta social en Chile que implica la desestructuración de la relación entre actores políticos formales y organizaciones sociales. Asimismo, existe un debate importante respecto del peso del centro político en la actualidad de la democracia chilena. Aunque desde 1990 la creencia predominante de actores públicos y expertos chilenos frente a la competencia electoral se apoyó en la “teoría del elector medio” (Kenneth Arrow), que sostiene que para ganar una elección es necesario controlar los votos del centro político, hoy ese supuesto se encuentra en entredicho por las tendencias centrífugas de las dos coaliciones tradicionales y por la virulencia en las narrativas de las candidaturas presidenciales en la primera y segunda vuelta.

En consecuencia, a pesar de que Piñera ha sido el tercer presidente con mayor votación desde 1990 y que ha sido el más sufragado de los candidatos presidenciales triunfadores en segunda vuelta, el uso adecuado de la “caja de herramientas presidencial” tendrá una importancia capital en un país y una región donde más allá de un teórico y retórico “hiperpresidencialismo latinoamericano” los presidentes sobreviven siendo cada vez más vulnerables frente a la presión de la calle y el apremio parlamentario.

*Marcelo Mella Polanco es cientista político de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile.

 

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