Año XL - Edición Nº 8.280

Martes 22 de agosto de 2017

La mujer: demandas de ayer y hoy

Fecha de Publicación: Vie, 11/28/2014 - 10:18

La organización y voluntad de intelectuales y aristócratas dio inicio a la inserción del género en la vida pública y a la participación política, que en 1949 consiguió el voto pleno femenino.

En el Chile actual es posible encontrar liderazgos femeninos en el Congreso y con un rol activo dentro de la sociedad, sin embargo según voces expertas, aún falta camino para la inserción plena o consideración de la mujer un mucho ámbitos; por  ejemplo, en materia  salarial.

Demandas  asociadas  a equidad de género, diversidad y derechos reproductivos, preocupan hoy a las  mujeres y el debate se  ha  tomado la agenda pública y la discusión en el Congreso.

En 1949, las mujeres chilenas obtuvieron el derecho a voto.

Foto:

Internet

Durante  todo el siglo XX, la lucha por los derechos de la mujer en Chile cruzó el debate desde  el mundo político, parlamentario y académico, hasta  el sindical, cultural y organizaciones  de  base. Y, en particular, desde  los  años  90 a  la  fecha -es decir, desde el advenimiento de la democracia- importantes colectividades han  venido trabajado en pro del aumento de la representación política de la  mujer, los derechos reproductivos y el respeto por el género en una sociedad tildada de machista por sus propias ciudadanas.

Como  fuera  la  tónica  en diversos países, en Chile son las propias mujeres quienes deben  organizarse. Así, nuestra historia registra significativos aportes en materia de reivindicaciones femeninas de organizaciones como el Movimiento de Emancipación de la Mujer Chilena, MEMCH, la Federación Chilena de Instituciones Femeninas, FECHIF, el Consejo Nacional de Mujeres y Partido Cívico Femenino, entre otras.

No obstante el gran avance que significó la aprobación del voto pleno femenino en 1949, los nuevos debates sobre género evidencian necesidades y demandas que no han sido escuchadas. La desigualdad laboral, el aborto como acción ilícita y la baja representación política de las mujeres, son problemáticas que reflejan el lento avance de generación de leyes y políticas públicas  de un Estado  que parece olvidar a casi la mitad más uno de  sus  ciudadanos (según el último Censo, del total de la población, 8,8 millones corresponde a hombres y 9 millones a mujeres).

Las quejas por una mayor participación de las mujeres en distintos  ámbitos de la sociedad chilena siguen en la  carpeta  de pendientes, aun cuando el tema de la igualdad de género se  presenta como relevante para gran parte de la ciudadanía.

Con el fin de  aproximarnos  a la deuda que Chile tiene con sus mujeres, en este  reportaje  en profundidad se  abordan la desigualdad laboral, la diferencia salarial entre hombres y mujeres y la decisión de ellas sobre su cuerpo y embarazo.

La mirada  histórica necesaria

La lucha por la igualdad de derechos civiles y la participación de las chilenas en la discusión política se remonta hacia la segunda mitad del siglo XIX, años donde la preocupación por estos temas se reducía a un puñado de representantes de la intelectualidad, provenientes muchas de ellas de la aristocracia criolla. Con el pasar del tiempo, lentamente estos  temas fueron instalándose en el pensamiento de la sociedad.

En el libro Crónica del sufragio femenino en Chile (1994), Diamela Eltit explica sobre el rol del género femenino de la época: “Durante esos años la concepción de la mujer se articula especialmente en un rol único, como es el lugar que ocupa en el espacio familiar (...) Y es en ese espacio familiar donde la mujer va a ejercer sus capacidades y las leyes de lo que constituye su restringido dominio social”.

La ley electoral de 1884, que prohibía el voto para la mujer, fue derogada cuando el 6 de noviembre de 1877 se dicta el Decreto Amunátegui, impulsado por el Ministro de Educación Miguel Luis Amunátegui, quien autorizó el ingreso de las mujeres a los estudios universitarios, lo que abre un nuevo espacio para la educación y desarrollo del género femenino en igualdad de condiciones ante los derechos de los hombres.

Elecciones Municipales: el primer triunfo

Con la promulgación de Ley N°5.357 sobre Organización y Atribuciones de las Municipalidades en 1934, fue posible el voto femenino a nivel municipal. Es así como, según el artículo del portal institucional www.senado.cl, “Mujeres en política: los derechos con corsé, el voto femenino y su participación en cargos de poder” (2013), en las elecciones municipales de 1935 se presentaron 98 candidatas, de las cuales triunfaron 25. Ya en 1938 se habían inscrito 60 mil 134 mujeres para votar en los sufragios municipales.

Luego de este primer triunfo dentro del escenario político, el 11 de mayo de 1935 se funda el MEMCH (Movimiento de Emancipación de la Mujer Chilena), cuyo objetivo era integrar a todas las chilenas, sin importar su clase social, nivel educacional o actividad desempeñada, en la lucha por la igualdad de derechos ante la ley.

La culminación de veinte años de lucha feminista

En 1944 se realiza en Santiago el Primer Congreso Nacional de Mujeres, donde el movimiento feminista por los derechos de la mujer se hace visible y toma gran fuerza. Tras esta reunión de las principales organizaciones de mujeres por la igualdad de género y los derechos civiles, se crea la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), presidida por la profesora y activista Amanda Labarca, cuyo objetivo es emprender una campaña nacional por los derechos políticos del género femenino.

A nivel público, la lucha de la mujer fue liderada en 1946 por la figura política María de la Cruz, quien funda el Partido Femenino de Chile, organización femenina de breve duración, según la  visión crítica de Elena Caffarena, por la falta de principios y poca participación en la lucha por la reivindicación de las chilenas.

El 8 de enero de 1949, en el gobierno de Gabriel González Videla, se promulga la Ley N° 9.292 que habilita el derecho a voto de las mujeres en las elecciones presidenciales de 1952, y que fuera ejercida para la elección de Carlos Ibáñez del Campo. Esto significó la integración de las mujeres a la totalidad de las esferas de acción en la política nacional.

Es así como culmina aquella larga campaña emprendida por diversas chilenas organizadas desde principios del siglo XX, cuyo tesón y trabajo por más de 40 años dio los frutos necesarios para el reconocimiento social y político básicos de la mujer. Desde el voto pleno en adelante, la historia de los movimientos femeninos en el país decayó constantemente, levantándose a nivel público en contadas ocasiones de lucha nacional para hacer presente la voz femenina. Con la llegada de un nuevo siglo, se  alzaron nuevas  voces que hablaron fuerte para posicionar con nuevos  bríos en la agenda pública los desafíos en torno a la participación política y denunciar la falta de derechos civiles femeninos.

Chile actual

Actualmente, las problemáticas en torno a los derechos de la mujer siguen presentes en la sociedad chilena. Esto, debido a que las condiciones políticas están dadas para que ciudadanos y ciudadanas sean tratados con igualdad sin importar su género. En la práctica, sin embargo, esto no siempre se cumple.

Según plantean Claudia Mora y Marcela Ríos en su investigación “¿De Política de Representación a Política de Coalición?: Posibilidades de la Movilización Feminista en el Chile Post-Dictadura” (2009), el retorno de los partidos políticos afectó la oportunidad que tenían los movimientos sociales de posicionarse en sus demandas desde la esfera política. Lo que siguió fue la profundización de antiguos conflictos entre movimientos feministas, posteriormente reflejados en la rivalidad entre las representantes de la Concertación de Partidos por la Democracia y mujeres de otros partidos de izquierda fuera del pacto político, durante toda la etapa de transición.

Las investigadoras plantean que las políticas económicas neoliberales, que definieron a Chile durante los 90’, dejaron una huella social en la concepción del rol de la mujer, ahora con nuevas “expectativas e ideales de género, imbuidos ambos de valores como la autovalencia y el individualismo”, visiones muy lejanas a los movimientos femeninos que habían caracterizado la lucha por el voto pleno.

El hito histórico que  se  produce  el año 2006 con la llegada de la  Presidenta  Michelle  Bachelet  Jeria  a  La  Moneda, es  presentado como un avance importante para sus  congéneres, quienes vieron en la mandataria el posicionamiento de los nuevos roles para la mujer en la sociedad chilena, mal que  mal se convertía en la primera mujer Presidenta de la República.

Fue durante este período, por ejemplo, donde las brechas de discriminación dentro del Ejército disminuyeron ostensiblemente, y pudieron ingresar de manera voluntaria más de 7.000  jóvenes al Servicio Militar. En el gobierno de Sebastián Piñera, en tanto, la participación femenina dentro de este cuerpo militar se incrementó en un 14,26% de representación al interior de la institución armada.

También se dio impulso a la creación de empleos destinados al fomento de la participación femenina en el desarrollo de la sociedad chilena. Para ello, tanto el gobierno de Michelle Bachelet, como el de Sebastián Piñera fomentaron la inserción laboral de las mujeres, para lo que se llevaron a cabo distintos planes de capacitaciones y perfeccionamientos laborales.

Sin embargo, Pamela Díaz-Romero, directora ejecutiva de Fundación Equitas, en entrevista con el portal observatoriogeneroyequidad.cl (3 de enero de 2014) advierte que no existió un avance real en la evolución del rol de la mujer durante el gobierno de Sebastián Piñera. Se habría tratado, más  bien, de un retroceso en la autonomía del rol, el cual puede evidenciarse en la ausencia de políticas ligadas a los derechos sexuales y reproductivos, además del reducido avance en temas laborales durante este periodo.

Pero volvamos a lo que significó la elección de la primera Presidenta mujer en Chile. Sin duda  hubo cambios y avances en el posicionamiento del rol femenino en los ámbitos laboral y social, pero las históricas y arbitrarias diferencias salariales se mantuvieron, reflejando con ello la  poca  voluntad de ciertos  sectores para  seguir  avanzando  en materia de  derechos de las mujeres y la propia  evolución del país  en temas  altamente  sensibles.

Diferencias salariales: género femenino v/s género masculino

El ingreso del género femenino a las instituciones de educación superior permitió que la mujer percibiera sus propios ingresos. Según el censo de 1952, las mujeres trabajadoras con actividades remuneradas en el país ascendían a 559 mil 141, importante avance considerando que según el censo de 1907, apenas superaban las 300 mil.

Aunque en la actual legislación no se rechaza la participación y representación de las mujeres en política, en la práctica, la voz de este género no es preponderante en las instancias decisivas del país. Este escenario es replicado en gran parte de las organizaciones privadas y gubernamentales, donde es inusual ver a una mujer en cargos de poder, así como también es decidor conocer la diferencia salarial.

El informe de igualdad de género del Foro Económico Mundial 2013, posiciona a Chile en el lugar 91 entre 136 países, lo que

a nivel latinoamericano sólo supera a países como El Salvador, Belice, Surinam y Guatemala. La mayor debilidad revelada por el documento es la brecha salarial entre hombres y mujeres: el sueldo per cápita estimado de los hombres es de US$ 30,000 por año, versus el de las mujeres que ronda los US$ 14,000 anuales.

Aunque de acuerdo al Informe de Desarrollo Humano “Género: Los desafíos de la igualdad” (2010) esta diferencia se ha reducido significativamente en los últimos años, el malestar por parte de las chilenas es latente, no solo en el ámbito laboral, sino también en el doméstico.

Participación y representación  política

La participación de la mujer en política ha aumentado sin alcanzar las cuotas necesarias de estándares mundiales, aunque las organizaciones y movimientos en torno a los derechos femeninos siguen en aumento y ocupando de manera más frecuente el espacio público y digital.

De acuerdo al portal observatoriodegeneroyequidad.cl (datos actualizados en noviembre de 2014), en la actualidad existen 31 organizaciones trabajando por la mujer desde distintos ángulos: derechos laborales, derechos sexuales y reproductivos, protección contra la violencia.

En el parlamento la representación femenina se incrementó con el retorno a la democracia, sin embargo, los escaños ocupados siguen muy por debajo de los estándares mundiales. En la actualidad seis de los 38 cupos de la Cámara de Senadores, es decir un 15,7% de los puestos, son ocupados por mujeres. En la Cámara de Diputados, en tanto, el año 2013 fueron electas 19 diputadas, lo que representa el 15% de la Cámara Baja.

Por otra parte, las organizaciones dedicadas a la diversidad sexual están presentes en el espacio público por medio de marchas, conversatorios, ciclos de cine y otras actividades que irrumpen en la sociedad chilena, pero su presencia en la representación política es prácticamente nula (un diputado y un concejal).

Las temas pendientes de la sociedad chilena con sus mujeres no solo son en materia de participación y representación política, sino que también en cuanto a la protección de la mujer en su ciclo reproductivo.

Derechos reproductivos

Cada vez que en Chile se publica acerca de una mujer embarazada luego de una violación, o una mujer cuyo feto es inviable, queda al descubierto la falta de legislación en torno a estos temas. La actual administración de Michelle Bachelet presentará el proyecto de ley que despenaliza el aborto bajo tres causales (revisar entrevista en nota  complementaria a la Subsecretaria del Sernam, Gloria Maira), lo que retomaría un proceso otrora coartado.

El aborto terapéutico fue regulado correctamente en el Código Sanitario de 1931 y por más de 50 años existió en Chile el acceso a terminar con el embarazo de manera segura para la mujer. Sin embargo, en 1989 y bajo la dictadura de Augusto Pinochet, el aborto terapéutico fue derogado por la ley 18.826.En consecuencia, el aborto en el Chile de hoy es totalmente ilegal.

Para la abogada Lidia Casas y Lieta Vivaldi, autoras del XI Informe sobre Derechos Humanos en Chile, se trata de una temática donde urge legislación del gobierno, en donde la penalización constituye una violación de los derechos humanos de las mujeres. Las académicas llegaron a estas conclusiones luego de entrevistar a un grupo de más de  60 personas, quienes entre académicos, médicos y las mismas involucradas en el aborto dieron su testimonio acerca de la crueldad del proceso ilegal.

La criminalización por la realización del aborto en Chile no se presenta con frecuencia, salvo casos excepcionales que muestran a mujeres que asisten a centros de atención pública por tener consecuencias negativas tras el procedimiento abortivo. La polémica ronda –principalmente- por casos delicados conocidos en el país, tal como ha sido la violación de niñas que producto de la profanación quedan embarazadas.

Para la subdirectora del Servicio Nacional de la Mujer, Gloria Vargas, la despenalización del aborto bajo tres causales es importante para el desarrollo de la sociedad, pues de esta manera el Estado brindará las condiciones necesarias para que sea la persona quien decida en base a sus propias opciones. Para la Subdirectora todo el proceso de debate es posible gracias a la situación actual del país, y que este sea un poco más abierto que en décadas pasadas, convirtiéndose en un espacio donde el debate y el aporte de nuevas ideas ahora son posibles. (Ver nota complementaria).

Por el momento la discusión sigue latente y si bien se espera que los parlamentarios puedan llegar a consenso, las posturas contrarias siguen manifestándose. Representantes de todos los  sectores políticos y conglomerados no dudan en manifestar su opinión frente al aborto, la equidad de género y la homosexualidad. Algunos a favor y la  mayoría  en contra.

Según datos entregados por el último Censo, son 20 mil 747 las parejas de lesbianas que viven en el país, número mayor incluso que las parejas de hombres, que rondan las 14 mil parejas. Este es un hecho de suma importancia que urge de una legislación clara, de ahí la necesidad de que se apruebe el Acuerdo de Vida en Pareja, que actualmente se mantiene en segundo trámite legislativo.

El Acuerdo de Vida en Pareja se presenta como una forma importante de reconocimiento público para las parejas homosexuales. Con este acuerdo más de dos millones de homosexuales podrán garantizar sus derechos legales para con su pareja en base a una legislación que resguarde sus derechos económicos.

Temas pendientes

Las discusiones políticas en torno a la diversidad sexual han avanzado con la aprobación de la ley antidiscriminación Zamudio y recientemente, con el despacho del Acuerdo de Vida en Pareja (AVP) desde el Senado (7 de octubre). Con esta última tramitación se ha oficializado la primera etapa en la legislación de las parejas chilenas, un importante primer paso tanto para grupos homosexuales, como heterosexuales. Sin embargo, los sectores más conservadores cercanos a la derecha chilena, han puesto obstáculos en temáticas tales como el matrimonio y la adopción de homosexuales, y en otros ámbitos, al aborto terapéutico.

Como hemos  visto, actualmente en el país y pese a recomendaciones de la ONU, el aborto está penalizado por ley y sin excepción, tema que fue tratado en la última cuenta pública de la presidenta Michelle Bachelet (Mensaje  21 de  Mayo), quien anunció la promoción de un proyecto de ley para despenalizar el aborto terapéutico bajo tres causales: inviabilidad, violación o riesgo de muerte de la madre.

La organización, influencia y persistencia que demostraron las agrupaciones feministas a mediados del siglo pasado, es un ejemplo para los representantes de hoy, pero también es una deuda. Si antes el voto pleno femenino había sido para  muchos y muchas, una idea difícil de  concretar, las batallas de hoy  no lo son menos. Pero lo importante  es  que  cada  vez se  suman más  voces que  claman por la equidad entre hombres y mujeres, la concesión de derechos a quien exprese una condición sexual diferente a la heterosexualidad, y el derecho de la chilena sobre su útero…Que hay mucho por hacer. Claro que  sí.

(*) Estudiantes de la Escuela de Periodismo, U. de Santiago de Chile.

Comentarios

Enviado por Natalia (no verificado) en
Email: 
njvelasques@gmail.com

Toman al ilegalidad del aborto como una violación a los derechos humanos, concluyendo que el aborto terapéutico o de cualquier tipo (no tiene mayor relevancia para mi) es un "derecho de la mujer"; ahora me pregunto ¿Qué sucede con los derechos de la pobre creatura si en cualquier tipo de embarazo es una mujer? ¿dónde quedan sus derechos o su derecho a vivir?

Añadir nuevo comentario

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.

Simple Wysiwyg

  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <ul> <ol> <li> <strike><br> <br /><p>
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Plain text

  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd><iframe>
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.