Año XLI - Edición Nº 8.409

Miércoles 11 de abril de 2018

La Ley del “Paco”

Fecha de Publicación: Jue, 04/11/2013 - 18:53

Escritor Jorge Montealegre comenta proyecto de Ley que sancionaría insultos a Carabineros.

Escritor Jorge Montealegre.

Foto:

Hace muchos años, en el decenio de José Joaquín Pérez (1861-1871), un grupo de mujeres se congregó frente a La Moneda para protestar por una ordenanza policial. En lugar de instruir que las despejara a palos, Don Joaco ordenó que la policía las enfrentase con abrazos y besos. La “represión” dio resultado. El desconcierto provocó risas y la indignación bajó de tono.  Don Joaco tenía salidas ingeniosas. En sentido contrario, ya en este siglo XXI, en Rusia se  da el caso de un grupo de activistas que se abalanza sobre los y las policías para propinarles sorpresivos besos en la boca. El grupo hace estragos en el año 2011, provocando bochornos en el cuerpo de policía. Por temor al ridículo, achunchados, los efectivos se liberan del atacante que pensaban llevarse detenido. De esta forma se desembarazan de los violentistas besuqueadores, desconcertados ante tanto cariño.

Lo anterior parece ridículo, pero lo es más el proyecto de ley que busca sancionar a quienes insulten a funcionarios policiales en servicio. El ministro Chadwick ha dicho que esta iniciativa apunta a convertir en una conducta constitutiva de delito “el que alguien insulte a un carabinero, que lo agravie, que le falte el respeto debido, que lo escupa, que le saque la gorra, que le pegue un empujón”. Ufff… es harto. Sabemos que los estudiantes reciben mucho más que eso. ¿Por qué no enfrentar, entonces, el origen de esa violencia para intentar evitarla?

La Moneda, en cambio, se preocupa de que los indignados lancen garabatos y escupos. No se pregunta qué los indigna. No ataca las condiciones que provocan la indignación, la ira. Nadie participa en una marcha si no tiene una razón. Nadie insulta sin tener un motivo. Así, esta es una medida ridícula para inhibir las manifestaciones. Otra amenaza para quienes salen a la calle a pelear contra los abusos. Parte de las protestas son los improperios, el garabato, las imprecaciones. Así es la calle: cuando los indignados están indignados se nota, entre otras cosas, porque tratan de expresar su rabia –y a veces su impotencia- con gritos, pancartas, consignas y garabatos; así ha sido siempre.

Es ridículo intentar castigar a quienes profieran malas palabras hacia los carabineros, llamados coloquialmente -sin ánimo de ofender y con todo respeto- “Pacos”. Es cierto que es un poco despectivo, pero según el ministro del Interior “paco incluso puede ser cariñoso”. No obstante, para no caer en abusos de confianza, ni ponernos al borde de la ley ni ofender a la autoridad, les podemos llamar “Franciscos” y reservar el apelativo de “Paco” –con tono españolado- sólo para los amigos; así como no a todo Luis se le puede decir “Lucho”, ni todo Sebastián es un “Tatán”. Hay que ubicarse. Siempre habrá una forma de ridiculizar una medida ridícula. Será muy interesante cuando en los juicios los defensores de los garabateros y garabateados traten de probar que las palabrotas proferidas eran o no realmente insultos y si fueron correctamente utilizadas o que semánticamente signifiquen lo que se cree que significan. ¿Habrá que probar que un tal por cual es justamente un tal por cual? Que pruebe lo contrario. Pagaría por ser espectador de uno de esos juicios.

El garabato es una forma de expresión generalmente espontánea; por esto último casi nunca es con premeditación, entendiendo que la premeditación supone –dice el diccionario- una “reflexión y valoración de un asunto antes de llevarlo a cabo”. Poca gente reflexiona mucho antes de lanzar un garabato ni prepara con antelación el lanzamiento de un improperio.  Por ello se dice que hay gente que no mide sus palabras. El entusiasmo o la indignación puede llevar a una acción no premeditada. Tampoco un garabato se lanza con alevosía ya que el garabatero puede disponer apenas de su voz para cometer el delito y además se pone en riesgo porque el garabatero corre el peligro de recibir un lumazo, un chorro de agua, una bala loca, una bomba lacrimógena, una pateadura, un mechoneo, un agarrón o una sarta de insultos legales proferidos en cumplimiento del deber.

Por otra parte, porque no todo es negativo en el diálogo callejero, es motivo de alegría que los carabineros se preocupen de la palabra.  Es bueno que la escuchen y que también la lean, porque en los carteles está la razón de la indignación y la justificación de los garabatos. Después de ello quizás aparezcan los abrazos. Y hasta la poesía. Paco Ibáñez (que nunca se ha molestado porque le digan Paco) musicalizó “Me queda la palabra”, un poema de Blas de Otero. Uno de sus versos, en buena hora dice: “Cuando el poder arrasa con todos los derechos, nos queda la palabra”. Aunque no les guste.

(*) Escritor e Investigador U. de  Santiago.
 

Comentarios

Enviado por Alejandro Zurita E. (no verificado) en
Email: 
azuritae@hotmail.com

Estimado profesor: Le saludo cordialmente y respecto a su nota, agrego que este tema de alguna forma se cruza con la idea fundamental, de los Derechos Humanos.

Entiendo que de alguna forma el actual gobierno y otras voces, han pretendido incluir dentro del concepto de los Derechos Humanos. La figura del mal trato de obra a Carabineros y Miembros de las Fuerzas Armada. Sin considerar, que los Derechos Humanos fueron ideados justamente, para proteger al civil, del poder del estado cuando este, es mal ejercido a través de sus agentes (Declaración Universal 10/12/1948 en París).

Tenemos como ejemplo la historia reciente en nuestro país y gran parte de Latino América. Donde los estados cometieron grandes atrocidades.

Ya, Thomas Hobbes, en 1651 aprox. Mediante su obra “Leviatán” definió el delicado equilibrio que se produce entre el individuo civil y el poder del estado.

En suma: Cuando el Estado  se equivoca, las organizaciones civiles deben operar ejerciendo la defensa de sus legítimos derechos.

Atte.

Enviado por Antonio Cantú Puente (no verificado) en
Email: 
ac_sabiduria@yahoo.com.mx

La imposición de "las buenas maneras y el buen decir" es algo que empieza a extenderse por América Latina como una epidemia,y, se debe a la doble moral de los ultraconservadores a quienes molestan -según elllos-, la palabras alltinosantes o hasta los apodos. Recientmente en México se promulgó una ley que impide criticar a los servidores públicos "con palabras ofensivas", como también referirse despectivamente a determinadas personas por sus preferencias sexuales.

La supuesta beatería de los ultraconservadores contrasta con su  crueldad a la hora de impartir castigos, pues así podrán repartir golpes, usitilzar cañones de agua y hasta picanas eléctricas sin que las personas puedan tan siquiera proferir una queja, porque eso podría considerase "faltas a la autoridad".

Extraordinaria la reflexión de Jorge Montealegre. Gracias

Antonio Cantú Puente

Aguascalientes Aguascalientes, México

Enviado por Juan M Rivera (no verificado) en
Email: 
jmriveramardones@gmail.com

Excelente artículo

Añadir nuevo comentario

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.

Simple Wysiwyg

  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <ul> <ol> <li> <strike><br> <br /><p>
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Plain text

  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd><iframe>
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.