Año XLI - Edición Nº 8.409

Miércoles 11 de abril de 2018

Gestora cultural revive su historia y herencia como artista circense en programa Mujeres

Fecha de Publicación: Sáb, 02/01/2014 - 13:05

María Eugenia Farfán lamenta que al circo aún no se le dé el valor que corresponde, sin embargo en íntima conversación en la radio U. de Santiago, durante la última edición del ciclo Grandes Chilenas, asegura que “vivir esperando el reconocimiento de un país es una equivocación”.

María Eugenia Farfán conversando con la conductora y directora de la radio U. de Santiago, Gabriela Martínez.

Foto:

Marco Avilés

María Eugenia Farfán Gauthier es actualmente la Administradora de la Casa Museo Vicente Huidobro en Cartagena, sin embargo, su formación en gestión cultural es el producto de su historia y herencia familiar. Así lo relató en la íntima conversación que compartió con la conductora y directora de la radio de la Universidad de Santiago, Gabriela Martínez, en la última edición del ciclo Grandes Chilenas del programa Mujeres, que se emite el lunes (03) a las 10 y a las 24 horas, través de las señales 94.5 fm, 124 am y www.radiousach.cl.
“Estoy muy agradecida y sorprendida por la invitación”, señaló porque cuando recibió el llamado de la Radio de la Universidad de Santiago, pensó que era para tratar asuntos relacionados con el museo y no a propósito de su propia historia, “no sé si realmente merezca el honor, pero estoy muy contenta”, agregó. 
Pese a que ha vivido en varios países, incluyendo una larga temporada en Estados Unidos, donde permanecen sus hijos, se siente totalmente chilena. Sin embargo, confesó que lamenta que nuestro país aún no valore debidamente al arte circense. 
“Creo que vivir esperando un reconocimiento de tu país es una gran equivocación, se me va a ir la vida esperando”, sostuvo. Pero también agradece las iniciativas que han surgido de algunos sectores del ámbito cultural, como el tema musical que Los Trukeros compusieron en su honor, “con una cueca yo estoy más que reconocida. Entonces, lo que no tuvo de reconocimiento mi familia, lo tuve yo a nombre de los Farfán”.
Desde la trinchera de la administración cultural, María Eugenia confía en que la sociedad valore el trabajo de los artistas circenses. “Llegará un momento, con esta nueva generación de artistas circenses, en que vamos a luchar para que estén el Altazor y en el Copihue de Oro, porque el circo no puede seguir siendo el hermanito pobre de las artes”, argumentó. 
La directora de nuestro medio radial, Gabriela Martínez, indicó desde hace tiempo que se venía planificando la visita de esta artista al programa, “teníamos deuda con la familia circense y María Eugenia tiene  mucho que aportar, era la representante que tenía que estar en esta mesa radial. Nos ha enseñado una faceta distinta de las personas que trabajan en el circo, su familia ha llegado alto y eso es gracias al tesón, al esfuerzo y la constancia”. 
La directora de la radio Universidad de Santiago apoyó la visión de valorar el arte circense en nuestro país, “hay que apoyar a María Eugenia en su próxima propuesta y ojalá que quede dentro de las nominaciones de grandes premios como Altazor. Los artistas de Chile que provienen de esta área, tienen que estar allí”. 
 
Una gran Escuela
Nació en una familia de tradición circense y gracias a esto, comprendió desde pequeña todo el esfuerzo que implica llevar adelante la tarea de levantar un show. Llegó hasta lo más alto, siendo incluso distinguida junto a su familia por la Princesa de Mónaco y recorrió importantes escenarios del mundo.
Sus padres siempre quisieron que estudiara, pero que ella hizo del show bajo la carpa  su mejor sala de clases. “El circo es una gran escuela, una gran universidad. En el circo no solamente aprendes a ser trapecista o malabarista, tienes que hacer de todo: electricista, coreógrafo, sastre y relacionador público, incluso a ser político, porque hay que agachar la cabeza a los alcaldes cuando no quieren facilitar los terrenos (para instalar la carpa)”, indicó.
María Eugenia Farfán agregó que el circo no sólo cultiva el desarrollo artístico en el escenario, sino que sustenta una industria con profesiones y oficios que implican un interesante nicho laboral. 
 “Qué bueno sería que las familias permitieran que sus hijos ingresaran al circo,  no con el afán de que sean malabaristas o terminen haciendo algún número… sino que pueden salir con una profesión: como sonidistas o iluminadores, una serie de aficiones que pueden ser validados como carreras técnicas”, concluyó.

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