Año XLI - Edición Nº 8.409

Miércoles 11 de abril de 2018

EAO – 02: U-ene-iiitecni u-ene-aaatecna…!!!

Fecha de Publicación: Vie, 05/17/2013 - 09:19

El Club de Ajedrez en la EAO.

Ex Escuela Normal José Abelardo Núñez.

Foto:

Archivo Departamento de Comunicaciones

Aquella noche, una y otra vez resonaban los gritos bajo la alta bóveda metálica de la Estación Mapocho. Volvíamos en tren desde Valparaíso donde aquel año de 1969 salimos triunfadores en la competencia deportiva que anualmente nos enfrentaba contra el grado técnico de la Universidad Federico Santa María. Recuerdo que los integrantes de la delegación deportiva, -integrada por unos sesenta alumnos de la EAO y tres profesores- regresábamos eufóricos y orgullosos, henchidos con esa sensación de tarea cumplida: Se competía en una serie de disciplinas, fútbol, basquetbol, gimnasia, tenis de mesa y para mí lo más importante era que en el ajedrez, luego de varios años difíciles, finalmente nos impusimos por 4 -0, en una victoria aplastante.

En años anteriores, en la Escuela de Artes y Oficios se practicaba el llamado “juego-ciencia”: el ajedrez. Y por supuesto siempre resultaba posible encontrar un par de alumnos enfrascados en esa silenciosa batalla que el ejército blanco y el ejército negro libran sobre el tablero, rodeados por un enjambre de curiosos, en torno a una mesa del casino, en los escaños de los patios o al interior de las aulas durante las pausas de recreo. Pero no fue hasta el año 1968 que Ricardo Robles, alumno de ingeniería de ejecución en electricidad, junto a otros aficionados, consiguieron que se les autorizara el uso de un espacio en el subterráneo, justo frente al casino de la China. Ahí nació el Club de Ajedrez de la EAO. Se jugaba todo el tiempo, a veces de un modo obsesivo e implacable, recuerdo que a toda hora estaba colmado de jugadores. Había que hacer fila y aguardar largo rato antes que un tablero se desocupara para sentarse a jugar. Pero esto posibilitó que aumentara la práctica de la disciplina y por ende se elevara el nivel de los jugadores.

El casino de la China quedaba en la parte de atrás de la escuela, por la puerta que en ese entonces salía a Avenida Portales, frente a la cancha de Baby fútbol y al lado del Gimnasio. Había que bajar unas escaleras de baldosas claras y acceder a un pasillo de madera donde funcionaba la Radio de la escuela, el Centro de Alumnos, el casino de la China y el Club de Ajedrez. Aquel era un mundo que pertenecía exclusivamente a los alumnos. De vez en cuando el inspector Vásquez, enfundado en su eterno traje gris, flaco y con aspecto de púgil jubilado, aparecía inesperadamente a ver si sorprendía a los muchachos jugando al póker con palitos de fósforos en las mesas del casino.

En 1969 yo cursaba el tercer año en la especialidad de Instalaciones Sanitarias y Climatéricas y tuve como compañeros de curso a dos grandes amigos: Víctor Pérez, que solía devorar todo tipo de libros y siempre andaba ávido de discutir y analizar diversas teorías filosóficas, políticas, sociales y/o matemáticas, he sabido que después del Golpe Militar se instaló en Caracas, Venezuela; y el otro se llamaba Juan Vergara –alias Verruguntus- según le decíamos cariñosamente y que también después del Golpe hizo maletas y se radicó en la hermana República de Argentina. Y no había mañana en que no se nos encontrara en los patios de la Escuela discutiendo sobre tópicos tan diversos como el proceso de la Reforma Universitaria, en pleno apogeo en aquel periodo, o analizando el concepto de Hombre Nuevo porque –tal como decía una canción que pegajosamente sonaba en los parlantes del patio- para nosotros “había llegado aquel famoso tiempo de vivir…” o de las escaramuzas que El Che libraba en la jungla boliviana donde moriría en noviembre de aquel mismo año. Alexis Pérez y Juan Vergara eran además compinches del ajedrez y gastamos muchísimo tiempo jugando o analizando aperturas, celadas y finales de ese juego; y recuerdo ahora -mientras escribo estas líneas- la expresión de regocijo en sus caras cuando derrotamos al equipo de la Santa María en Valparaíso. Estos recuerdos forman parte de uno de los periodos más intensos y brillantes de mi vida, junto a seres con los que crecí y me forme y que el Golpe lanzó como esquirlas en diferentes direcciones y de quienes nunca he vuelto a tener noticias sobre qué sucedió con sus vidas, o sobre el destino que les deparó la existencia.

(*) Escritor y ex estudiante de la Escuela de Artes y Oficios.

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