Año XLI - Edición Nº 8.409

Miércoles 11 de abril de 2018

Derechos Humanos: cuando el río suena...

Fecha de Publicación: Vie, 07/06/2012 - 22:20

Diversos cuestionamientos al Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos han surgido en las últimas semanas, desde personajes e instituciones de la derecha.

Museo de la Memoria y los Derechos Humanos

Foto:

Internet

En síntesis se critica -mediante un informe de Libertad y Desarrollo (L&D) y la Universidad del Desarrollo (UDD), más cartas al Mercurio- la “visión parcial” que tendrían estas instancias. No abogaré aquí, obviamente, por la “imparcialidad” en estos temas ni repetiré la abrumadora argumentación acumulada que explican y justifican el sentido de estas instituciones que promueven el respeto por los derechos de las personas y la defensa de la memoria para que “nunca más” se vuelvan a cometer los crímenes ya acreditados.

Siento, sí, que este ruido no es ajeno a la promovida y oficial satanización de lo “ideologizado”, ofensiva que es paradójicamente ideológica. Hay una ofensiva, en que la “parcialidad izquierdista” se atribuye a las instituciones promotoras de los DD.HH. como un estigma negativo, inadmisible, como si estuviéramos en plena guerra fría.

La instalación de la estigmatización oficial de todo lo que huela a “izquierda” (o a “comunista” en términos genéricos) esconde amenazas ante las cuales debemos estar vigilantes. La más evidente está orientada hacia el silenciamiento. Primero se desprestigia la institución y se instala en el sentido común de la autoridad y la llamada opinión pública su desacreditación (su “parcialidad”). Para eso sirven los informes y las cartas al director.  Luego, esto puede derivar en disminuciones presupuestarias que dificulten el financiamiento de estas instituciones y la realización de actividades que cumplan con sus misiones y les den visibilidad. También, cuando en sus directorios hay representaciones de la sociedad civil, hacer cambios para neutralizar esas opiniones evitar lo que se le objeta al INDH: "El sistema de nombramiento del Consejo hace que sus miembros sean personas ligadas a la izquierda", según Informe de L&D y la UDD, difundido por El Mercurio. Así se va pasando, nuevamente, de la exclusión a la proscripción.

A la derecha le preocupan, más que los derechos humanos en sí, lo que pudieran hacer o decir o recordar los promotores del respeto de los derechos humanos.

Son dignas de atención, entonces, las señales de preocupación que la derecha expresa en torno al INDH y el Museo de la Memoria cuando el satanizar lo “ideologizado” y lo “comunista” ya no es una inercia tontona de la guerra fría y hasta de fanatismos nostálgicos entre viejos enemigos internos, sino que la estigmatización ya se ha extendido en contra de la juventud que ha estado demostrando su inconformidad en todos los tonos en un momento en que el respeto a la diversidad crece genuinamente en la ciudadanía. Los vientos contaminantes que vienen de Punta Peuco y de la mala conciencia, que soplaron también en el Caupolicán, han hecho corrientes de aire en La Moneda al punto de intentar acallar torpemente temas universales con “doctrinas” insostenibles como aquella de que las cosas de Chile se hablan en Chile. No se percibe coherencia ni convicción ni sinceridad en la retórica pro-derechos humanos del gobierno. Y en la medida que ese discurso siga siendo contradictorio y poco creíble, toda señal cuestionadora de las instituciones defensoras de los derechos humanos que venga desde la derecha será sospechosa. Discuto conmigo mismo y siento que no debería ser así porque a estas alturas todo cuestionamiento debería ser discutido con altura de miras, especialmente en temas que se relacionan con la vitalidad continua de una sociedad que debería vivir en democratización permanente y en construcción de una cultura de los derechos humanos con visión de futuro. Pero la desconfianza, que tiene dramáticos fundamentos, lo impide.

La existencia tanto del INDH como del Museo de la Memoria son conquistas de la recuperación democrática y siento el impulso por defenderlas. Una forma de hacerlo es, por ejemplo, visitar la exposición permanente del Museo de la Memoria y los DD.HH., pensar en las víctimas y que muchas de ellas murieron sosteniendo una utopía o sobrevivieron con la convicción de que los hijos y los nietos deben vivir en una sociedad en cuya cotidianidad se respeten plenamente los derechos humanos. Y para promoverlos son necesarias estas instituciones. Y hay que defenderlas.

Por Jorge Montealegre Iturra, escritor e investigador de la Universidad.

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